jueves, 3 de enero de 2008

Encantado de no Olvidar ( I )

No siempre fui como soy. Sino me estanque, involucioné. En los cortos 3 meses de vida que tiene este espacio, he tratado de variar los temas sobre los que escribía. Un sentimiento no tiene por que reprimir otro. De política actual escribiré, pero por la coyuntura que vivo, me dedicaré, por un tiempo, a narraciones de historias cotidianas, casi robadas, ajenas e impersonales. Por ello, esta podría ser nuestra historia. Emociones compartidas. Como dije, el blog estuvo limitado a una época determinada, sin embargo, hoy retrocedemos en el tiempo y les contaré, a modo de catarsis para mí y entretenimiento para ustedes, algunas caídas y aciertos emocionales que viví .

Yo estudié toda mi vida, por aciagas decisiones de mis padres, en el mismo colegio. Mi vida en la primaria transcurrió entre anotaciones sobre travesuras en el control y desmenuzadas notas. Corría el año 1994, a pocas semanas de cumplir 5 años, y llegó el primer día en el colegio. Lo recuerdo como si fuera ayer. Recuerdo a mi madre llevarme de la casa hacía la avenida para que me recoja la movilidad: en una mano yo y en la otra arreglando los últimos complejos detalles de la lonchera de un jovencito de inicial. Mientras mi madre orgullosa de que su menor hijo vaya al colegio, yo me sentía ridículo con un mandil azul marino que sobrepasaba mis rodillas e incomodaba mi (hasta ese momento) virginal cuello. Conocí -timido- a los amigos de turno (que hoy son amigos de toda la vida) con los que compartiría aventuras en un bus amarillo por los próximos nueve meses. No hubo mayor problema el primer día, subí al bus, encontré gente mayor, extraña, distinta, tímida, extrovertida, pero todos supeditados por el mismo uniforme. Recuerdo que ese día me enseñaron a pintar en forma circular, pero, lastimosamente, con resultados desalentadores. Sentía que el colegio no era mi lugar.

El segundo día fue funesto. De los que quieres olvidar, y, si los recuerdas, lo haces con una pícara sonrisa. El colegio era una tortura para mí, no queríaregresar, pero es difícil que un niño de 5 años pueda tomarse ese tipo de atribuciones. ¿Qué creen que pasó? Acertaron: los gritos de mi madre se escucharon en la isla San Lorenzo. Me alistaron en contra de mi voluntad, pusieron los alimentos de rutina en la lonchera y me trasladaron hacía al paradero, cual perro a la perrera. Entonces pasó lo que ni siquiera yo había planeado. Parece que mi cólera (o mi bilis) se junto con algún alimento matutino e hicieron contacto directo: el vomito era inminente. Vomité en aquella esquina todo (supongo) lo que había ingerido en las primeras horas de la mañana (estudiaba en el turno tarde). Sin embargo, logré mi objetivo: no fui al colegio. Después de un fuerte llamado de atención por parte de la madre, no había escapatoria para el día siguiente. Subí al bus, me senté en el primer asiento vacío que encontré y fui triste a mi suplicio. Mi profesora de inicial, si mal no recuerdo, se llamaba Pilar y su dulzura era impactante. Mi salón (no recuerdo el nombre) no me gustaba, me sentía ansioso, inquieto, fastidiado; yo buscava el silencio de mi cuarto, mi casett de salserín en la radio, mi goku buscando las esferas del dragón, los recortables de 10 céntimos, las tortuninjas, leche con nesquick, no quería que me enseñen a pintar como huevon en forma de circulo.

Dentro de ese contundente y estresante mundo de colores, había un personajes de piel blanca, ojos café, contextura delgada y cabellos dorados que llamaba mi atención de manera recurrente. Tenía un aura que contrastaba con el mío: yo era de tamaño promedio, cabello negro ondulado, piel blanca y muy cargoso. Su nombre era Jacqueline Contreras Salazar y era la distinta de la clase, no solo por su aspecto físico, pero sí más por el físico que por alguna otra virtud. Han pasado casi 15 años desde esa calurosa tarde en la que conocí, y daría lo que fuere por que alguien me dijera como carajo me encontraba a su lado. No puedo recordarlo. Tampoco recuerdo los entretelones de flirteos, aunque no sé si eso era posible a esa edad. Lo único que recuerdo con dulzura y satisfacción es la siguiente situación:

- Jacky: “…Profesora pilar, puedo ir al baño? ”
- Profesora: “…Claro, Jacky.”
- Jonathan: “…Miss, puedo ir al baño?”
- Profesora: “…Claro, Jonathan

Los baños estaban exactamente detrás de nuestro salón, y colindaban los de mujeres de los de hombres. Entonces a nuestros escasos 5 años, nos dirigíamos temerosos a los baños, y nos propinábamos tiernos y torpes ósculos en nuestros vírgenes e inexpertos labios. Esa combinación de lo clandestino y ternura fue lo mejor que pudo pasarme ese extraordinario 1994.

¿Cómo un niño de 5 o 6 años va a visitar a su novia de casi la misma edad al otro lado de lima? ¿En su auto? ¿Taxi? ¿El auto de papá? ¿Combis asesinas? Imposible, no hay forma de visitarla. Solo existe la suicidad decisión: “… Mamá, me llevas donde mi novia, me quedaré a dormir y a ver pelas”. No había la posibilidad de vernos en las vacaciones de verano. Ella en lo suyo y yo en lo mío. Yo ni me acordaba de ella en vacaciones, y sé que ella tampoco. Los chipitaps eran más divertidos.

¿Y qué pasaba cuando se acaban las vacaciones? Pues era una relación muy abierta: de marzo a diciembre era mía; en verano, del mundo (Jajaja). Aunque suene gracioso, es la verdad, nosotros éramos novios por épocas. Así transcurrió la primaria. Rompimientos circunstanciales y reconciliaciones efímeras.

Yo era el típico deportista, popular y gracioso (ahora no corro ni 2 cuadras, en la universidad ni saben de mi existencia y no hago reír ni a mi novia). En los recreos jugaba minifutbol con los compinches, nos burlábamos de las feas y fastidiábamos a todo que no sea como nosotros.

La asquerosa actitud que tenía en ese momento mermó mi “relación” con Jacky y, mediante una hermosa y espontánea carta escrita con un chilloso lapicero color rosado, terminó conmigo (aún guardo la carta). Si mal no recuerdo, me la dio por los árboles que se encontraban detrás de los buses, y se fue corriendo. Se me viene a la mente una frase: "..no eres tú, soy yo...". La leí y rompí en llanto, eso transcurrió por el mes de julio del año 1999. Ese mismo mes conocería a Barbie (tienen total aquiescencia para burlarse totalmente de aquel nombre, si, si, si es real), que sería el meollo de toda la secundaria.

Hace poco conversé con Jacky, recordamos y reímos de algunas anécdotas. Como ven, ella fue mi primera e inolvidable novia, luego ella tendría dos novios que ahora son 2 de mis mejores amigos: Jose Barreto y Giuseppe Orellana. Pero esa es otra historia.

miércoles, 2 de enero de 2008

Etica

Dubitativo anduve
Mar de recuerdos
Para mi, bastos
Para ella, suspiros


¿y la etica?
Revolotea
Ladino no soy
Escéptico soy
Ni la sombra
¿y en la adversidad?
mi propio enemigo

viernes, 21 de diciembre de 2007

El Contaminante Subestimado


La contaminación es el fenómeno causado por el hombre quien, mediante sus actividades, altera las condiciones normales del medio ambiente. Existe más de un centenar de sustancias que contaminan el medio ambiente (el monóxido de carbono y los óxidos de nitrógeno se encuentran entre los principales); sin embargo, dentro de toda esta algarabía por defender al mundo de la contaminación, existe, no solo en nuestra gris Lima, un contaminante subestimado: el ruido.


El término contaminación ambiental acústica está directamente relacionado con la estridencia; es decir, con el conjunto de sonidos ambientales perniciosos para el oído. Aunque usted no lo crea, el ruido tiene mala influencia sobre nuestro organismo y puede llevarnos directo a la tumba. Y no exagero. Estudios realizados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) así lo señalan y advierten que ello es producto de la contaminación sonora, que, por efecto de las actividades humanas, se ha duplicado de manera sorprendente en los últimos años. Su origen se remonta al siglo pasado con la aparición de la revolución industrial y el desarrollo de nuevos medios de transporte; del parangón de esto con la actualidad, observamos un inaudito avance con consecuencias imperceptibles, pero, con el tiempo, preocupantes.


Entre las principales causas que generan este tipo de contaminación, encontramos la estridencia ocasionada por las construcciones y obras públicas, el desmedro en el uso del claxon de los autos y microbuses, ambulantes de venta, sirenas, alarmas, no olvidemos el aterrizaje de aviones y las constantes protestas y marchas. Todo esto convierte a Lima en un caos y desorden.


Estos sonidos molestos pueden generar consecuencias perjudiciales para las personas siempre proclives a ellos; por ejemplo, reducción en la capacidad auditiva, insomnio, problemas de concentración, alteraciones en la coordinación del sistema nervioso central. Por otro lado, un niño propenso en sus actividades diarias a este tipo de ruidos, puede tener problemas serios en su capacidad de aprendizaje.


Dentro de lo que podríamos llamar alternativas de solución, encontramos, en primer lugar, una sensible concientización a la población por parte del estado, mediante educación medioambiental, de que el ruido es nocivo para salud; en segundo lugar, vigilar los niveles de ruido de acuerdo a el Reglamento de Estándares Nacionales de Calidad Ambiental para Ruido (decreto supremo 085-2003-PCM) y la ordenanza 015 de la Municipalidad de Lima (publicada en 1986), además de las normas de gestión ambiental de ruido en cada distrito y el reglamento de tránsito. En todo esto, los ciudadanos no somos ajenos a la solución, dejemos la insensibilidad de lado y afrontemos los problemas como se merecen. Ser condescendientes con lo que pensamos, estar bien informar y actuar no solo pensando en uno, sino pensando en comunidad.

Ignoto

ignoro qué será
ignoro qué serás
ignoro qué sientes
ignoro si mientes
ignoro tu lugar
ignoro tu abrazar

presiento mi cautivar
enfrento mi observar

mi encandilación

domingo, 2 de diciembre de 2007

TLC Así, No

Es imposible, en los últimos dos o tres años, no haber escuchado, aunque sea información nimia, sobre el Tratado de Libre Comercio Perú – Estados Unidos, más aun, estando a unos días de la firma del mismo. Sin embargo, ¿Cuántos de nosotros estamos enterados de la verdadera envergadura de este tratado? ¿Somos concientes de que los beneficios son ínfimos respecto de los costos? ¿Quién gana? ¿Quién pierde? ¿El TLC se presentará como una alternativa de solución paulatina al subdesarrollo? En las siguientes líneas, Trataremos de dar una visión amplia y directa del verdadero rostro de lo que implica este tratado, respondiendo a la última pregunta con un tajante “NO”.

En las últimas semanas, se ha estado viviendo una coyuntura política de tensión y algarabía, ya que las conversaciones del TLC están en su última etapa. No obstante, el tratado va más allá de simple burocracia: la firma del tratado con el “tiburón” Estadounidense definirá, negativamente, el futuro del país. No es un tratado que afectará a unos pocos; al contrario, es un dilema donde los 28 millones de peruanos nos vemos inmersos (Seminario 2005). Sin embargo, ¿Cómo es posible que un tema de semejante importancia sea avalado por la desinformación exacerbada de la población? Por este motivo, en las siguientes líneas trataré de explicar los costos, no sólo económicos, del TLC, sosteniendo que este no es lo que aparenta. No existe el verdadero libre comercio. En primer lugar, pondré en relieve la inequidad de beneficios en las negociaciones del tratado a favor de Estados Unidos, donde los microcomerciantes se verán altamente afectados. Este tratado es una imposición del imperialismo yanqui. En segundo lugar, argumentaré que el tratado no solo significará una adhesión comercial, porque también influye en temas como el narcotráfico y el terrorismo. Finalmente, debemos entender que éste aumentará la brecha de clases sociales: mientras el pobre se vuelve más pobre; el rico, más rico.

En primer lugar, Estados Unidos, en las negociaciones para la firma del tratado, propone acuerdos sin la menor igualdad de beneficios (Fairlie y Forja 2005: 52). Es decir, gracias a la hegemonía que tiene en el mundo, se niega a negociar cualquier medida que afecte en lo más mínimo el estado actual de su economía. Entonces, vemos un Perú supeditado a las condiciones de Estados Unidos. Anthony Giddens escribe algo al respecto:

Bien, es seguramente obvio que el libre comercio no es una garantía absoluta. Especialmente a lo que concierne a países menos desarrollados. Abrir un país […] al libre comercio puede minar una economía local de subsistencia […]. Los mercados no pueden ser creados con medios puramente económicos, y el grado en que una economía cualquiera debiera ser expuesta al mercado debe depender de un conjunto de criterios

Los TLC firmados entre un país desarrollado y otro en vías de desarrollo suelen beneficiar al país más poderoso, por tener una economía estable y fuerte. Un ejemplo de lo anterior es la negativa de Estados Unidos a eliminar sus exquisitos subsidios; estos implican un apoyo considerable a determinado producto, especialmente los procedentes del agro. Estados Unidos se niega a disminuir y, obviamente, erradicar dicho subsidio, dándole a su agro una recurrente protección estatal, lo que le da una clara ventaja sobre nuestros productos. Por ello, encontramos una clara injusticia en las condiciones del comercio.

Por otro lado, Estados Unidos propone una estrepitosa baja en los precios de aranceles en el traslado de productos. Algunos podrían decir: Pero, ¿El objetivo del TLC no es que los productos se movilicen fácil y rápido? Definitivamente sí. Pero es un objetivo tangencial: el objetivo principal es encontrar una variedad de productos para todos con precios al alcance de todos. Sin embargo, la disminución, casi desaparición, de los aranceles ocasiona una aberrante disminución en la recaudación tributaria (Reinoso 2004: 23), es decir, impuestos. Esto genera dos contrariedades: por un lado, en un mes, se perderían 100m millones de dólares en la recaudación fiscal; por otro, 67000 puestos de trabajo se verían afectados. Entonces (por lo afirmado anteriormente) podemos afirmar que Estados Unidos impone sus condiciones de manera abrupta en pro de sus intereses sin importarle lo que podría ocurrirle a nuestra paupérrima economía.

En segundo lugar, el TLC no sólo significará una adhesión comercial. Es decir, Estados Unidos tiene intereses que subyacen debajo de lo económico. Por ello, es necesaria una adecuada negociación, donde predominen solo los acuerdos comerciales (Diez Canseco 2004). ¿Pero cómo sucede esto? Bruno Rivas, importante analista económico, ha investigado la real envergadura del tratado, encontrando que el aumento de los ingresos fiscales, y, por lo tanto, de la economía, es nimio para los dos países. De esto se deduce que los intereses de Estados Unidos exceden a lo económico. Otros intereses, según Bruno Seminario, pueden ser: lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el fortalecimiento de la democracia. Estos intereses denotan la ambición por expandir el imperialismo hegemónico Estadounidense. Por ello, el TLC significará una mayor influencia política de los Estados Unidos sobre Perú.

La droga es un parásito que carcome día a día a la juventud norteamericana. Sin embargo la comercialización de esta es una tara que excede a los Estados Unidos. Según estudios sobre el narcotráfico mundial, Perú es uno de los principales productores de clorhidrato de cocaína en el mundo. ¿Coincidencia? No. Un ejemplo relacionado con esto es el de Colombia. El tratado Estados Unidos-Colombia no cumplió con las expectativas puestas en él, y, según el análisis de Bruno Seminario, Estados Unidos tuvo una injerencia directa en el tema del narcotráfico, lo que generó una dependencia colombiana respecto de aquel. ¿Qué pasará cuando Perú no pueda responder a las expectativas Estadounidenses? La dependencia es inminente. A pesar de que Alan García haya afirmado, en su mensaje a la nación en julio de 2007, que Estados Unidos no tiene la posibilidad de injerencia de temas política Peruana, ¿Por qué Estados Unidos habría de negociar un TLC con un país, cuya economía es irrisoria respecto de la suya? Estados Unidos, por las buenas o malas, tiene la imperiosa necesidad de expandir su desaforado neoliberalismo. Si se sigue manejando en estas condiciones de sumisión y lenidad la negociación del TLC, el Perú será devorado por el “tiburón” imperialista.

Finalmente, el TLC restringe la posibilidad de acceder a los beneficios de este a una ínfima mayoría: la clase alta; los afectados son los de siempre: los de abajo, los campesinos, lo microcomerciantes. Los beneficios no estarán al alcance de los más necesitados (Seminario 2003: 14), que representan casi la mitad de la población. Esto se demuestra con experiencias pasadas de TLC’s realizados. “Solo el sector económico moderno se beneficia con el TLC” (Bruno seminario 2005: 21). Los perdedores son los de siempre: las clases bajas, los pobres rurales; es decir, el 85% de la PEA rural. Si es banal la cantidad de dinero que se le paga a un campesino por kilo consumido, ¿cuánto será el nuevo precio por kilo, sabiendo el fuerte apoyo estatal que reciben los productos estadounidenses? Obviamente, mucho menos de lo que se les paga actualmente.

Los sindicatos y gremios de agricultores afirman que el TLC quebrará la industria local, debido al libre ingreso de productos estadounidenses, básicamente del agro, fuertemente subsidiados por el gobierno de Washintong. Pero algunos podrían decir: ¿ Eso no genera mayor competencia comercial y, por lo tanto, mejoría en la calidad de los productos a escoger? Una inocente respuesta sería “Sí”. Sin embargo, esta competencia no se da en un contexto de igualdad de condiciones. Es decir, los productos Peruanos no tienen la posibilidad de competir con los estadounidenses. Entonces, si se sigue manejando el tratado con semejante holgura, tendremos beneficios inalcanzables, con productores afectados, precios exorbitantes. Eso no es libre comercio.

En síntesis, se ha podido observar que, si bien el TLC genera beneficios, estos no son lo suficiente, respecto de los costos: no vale la pena poner al país en jaque. Por un lado, vemos que Estados Unidos se rehúsa a negociar cualquier cláusula que afecte en lo más mínimo el estado actual de su economía. Por otro, los intereses americanos exceden los económico, lo que podría generar (sino ocasionar) la dependencia político-económica de la expansión del imperialismo yanqui. Finalmente, encontramos la inminente desaparición de la clase media, lo que genera una brecha inaudita entre clases. Como vemos, las consecuencias serán nefastas: El Perú será devorado por el “tiburón americano” no solo económicamente, sino también socialmente. El marco económico esta íntegramente relacionado con el social. Por ello, debemos tomar conciencia: Si bien la economía de libre mercado es el mecanismo principal para el desarrollo del país, ¿Es necesario poner en riesgo la soberanía del manejo del país? ¿Vale la pena? ¿Dónde quedó el amor propio y la identidad, sin caer en un retrogrado nacionalismo? El país esta siendo vilmente vendido por una sarta de ineptos. Nuestra misión es detenerlos, y no hay otra forma que estar informados. ¡Viva el Perú, Señores!

Imagen: Giuseppe Orellana

miércoles, 31 de octubre de 2007

La ONA: ¿Adios Corrupción?

La corrupción es una epidemia que carcome todo sistema democrático. El Perú, es bien sabido, no es inmune a aquella plaga. Por ello, el gobierno de turno ha creado la Oficina Nacional de Anticorrupción (ONA), para que legisle todo acto irregular exclusivamente en el ejecutivo. Pero, ¿Es la ONA la solución a la inminente corrupción que infecta a la política Peruana?

Es importante mencionar que esta institución ha sido creada por el ejecutivo, primera situación que genera suspicacia. ¿Las instituciones anticorrupción no deberían mantener absoluta independencia del gobierno, para ejercer un trabajo limpio y sin presiones? El secretario general del APRA, Mauricio Mulder, reafirmó el “apoyo decidido” a Carolina Lizárraga, titular de dicha oficina. Sin embargo, que la ONA no dependa del ejecutivo garantiza la ética de su labor. La anticorrupción tiene que ser manejada desde un ángulo neutral. La independencia financiera debería ser un supuesto básico en la creación de la ONA.

Sin embargo, la dependencia a la que está sometida la ONA trae consigo otros defectos. Lizárraga admitió que su campo de acción comienza y termina en el Poder Ejecutivo, es decir, no podrá investigar los presuntos actos de corrupción del Congreso, de los municipios o de los gobiernos regionales. Sin embargo, los casos de corrupción son más comunes en estas últimas instancias. Es decir, la ONA tiene claras limitaciones en su accionar. Entonces, ¿Cómo puede funcionar adecuadamente con semejantes limitaciones? Es más, ni siquiera podrá citar a las personas involucradas en supuestas irregularidades para que brinden su testimonio.

Se saluda todo intentó orientado a la eliminación de la corrupción; sin embargo, la institucionalidad es un requisito para toda estructura publica. ¿Porque haya una oficina anticorrupción, no habrá corrupción? No. La ONA solo es un nimio paliativo a la corrupción que generará inversión por parte del estado y desorden funcional, respecto de las otras identidades con parecidas funciones.

martes, 23 de octubre de 2007

La Clitoridectomía: ¿Barbarie o Tradición?

Tal vez, no sea un tema muy conocido. Pero, A mí me impacto, y pensé que sería interesante compartirlo con ustedes. Es una redacción mía del examen parcial del curso de Argumentación (HUM-113) de la Pontificia Universidad Católica del Perú. No postearé unos días, ya que estoy inmerso en la elaboración de un ensayo un poco más largo y completo, que muy pronto, espero, ya estará publicado en este blog.



Son de diversa índole las alteraciones a las que podemos someter nuestro cuerpo. Van desde tatuajes, hasta la inserción de extraños objetos en alguna cavidad corporal. Los genitales no son inmunes a aquellas. Si hablamos de alteraciones corporales, es preciso mencionar nuestra capacidad de decidir, la libertad. La libertad sobre nuestros cuerpos es un derecho que prima sobre cualquier tradición desaforada. Nosotros estamos en deber de decidir sobre nosotros mismos. En estas lineas, mostraremos una actitud reticente frente a la clitoridectomíia, extirpación total o parcial del clítoris femenino.

La Clitoridectomía, en África, es llamada, con mucha mesura, la circuncisión femenina. Sin embargo, va más allá. La clitoridectomía es la ablación del clítoris femenino. Esta practica consiste en extirpar los genitales exteriores de la mujer de una manera aberrante: Se utilizan como "tijeras médicas", vidrios, alfileres, la parte filuda de una lata, rústicos cuchillos, piedras agudas e, incluso, machetes. No obstante, lo mencionado es la primera parte del horroroso proceso. La infibulación es la culminación de aquel. Consiste en la clausura casi total de la vagina, dejando un ínfimo espacio para las necesidades vitales. Esto se hace usando hilos de pescar, fibras de vegetales y hasta alambres.

Las consecuencias de esta nefasta práctica son aciagas. Físicamente, aparte del dolor, se pueden generar quistes, abscesos, problemas de parto, daño en el útero e, incluso, la muerte por alguna incontinente hemorragia. Sin embargo, las consecuencias no son solo físicas, sino también psicológicas. Las mujeres intervenidad sienten miedo para con la primera relación sexual, retraimiento al masturbarse, asco al verse al espejo, terror a enamorarse, a que no la acepten socialmente. Es todo un trauma. Su vida se vio marcada para siempre por una barbarie. Esta nefasta acción acude al llamada de juzgarlo por sus consecuencias.

En síntesis, podemos afirmar que la clitoridectomíia es una barbarie hecha tradición, gracias a los inauditos actos que supone dicha práctica. ¿Cómo es posible anteponer la tradición a los derechos de cada persona? ¿Es dable que una persona no tenga la suficiente capacidad de elegir sobre su propio cuerpo? ¿Son necesarios las muertes y daños para tomar cartas en el asunto? Es momento de crear un sistema de legislación, y anticiparnos a las consecuencias.