En las últimas semanas, se ha estado viviendo una coyuntura política de tensión y algarabía, ya que las conversaciones del TLC están en su última etapa. No obstante, el tratado va más allá de simple burocracia: la firma del tratado con el “tiburón” Estadounidense definirá, negativamente, el futuro del país. No es un tratado que afectará a unos pocos; al contrario, es un dilema donde los 28 millones de peruanos nos vemos inmersos (Seminario 2005). Sin embargo, ¿Cómo es posible que un tema de semejante importancia sea avalado por la desinformación exacerbada de la población? Por este motivo, en las siguientes líneas trataré de explicar los costos, no sólo económicos, del TLC, sosteniendo que este no es lo que aparenta. No existe el verdadero libre comercio. En primer lugar, pondré en relieve la inequidad de beneficios en las negociaciones del tratado a favor de Estados Unidos, donde los microcomerciantes se verán altamente afectados. Este tratado es una imposición del imperialismo yanqui. En segundo lugar, argumentaré que el tratado no solo significará una adhesión comercial, porque también influye en temas como el narcotráfico y el terrorismo. Finalmente, debemos entender que éste aumentará la brecha de clases sociales: mientras el pobre se vuelve más pobre; el rico, más rico.
En primer lugar, Estados Unidos, en las negociaciones para la firma del tratado, propone acuerdos sin la menor igualdad de beneficios (Fairlie y Forja 2005: 52). Es decir, gracias a la hegemonía que tiene en el mundo, se niega a negociar cualquier medida que afecte en lo más mínimo el estado actual de su economía. Entonces, vemos un Perú supeditado a las condiciones de Estados Unidos. Anthony Giddens escribe algo al respecto:
Bien, es seguramente obvio que el libre comercio no es una garantía absoluta. Especialmente a lo que concierne a países menos desarrollados. Abrir un país […] al libre comercio puede minar una economía local de subsistencia […]. Los mercados no pueden ser creados con medios puramente económicos, y el grado en que una economía cualquiera debiera ser expuesta al mercado debe depender de un conjunto de criterios
Los TLC firmados entre un país desarrollado y otro en vías de desarrollo suelen beneficiar al país más poderoso, por tener una economía estable y fuerte. Un ejemplo de lo anterior es la negativa de Estados Unidos a eliminar sus exquisitos subsidios; estos implican un apoyo considerable a determinado producto, especialmente los procedentes del agro. Estados Unidos se niega a disminuir y, obviamente, erradicar dicho subsidio, dándole a su agro una recurrente protección estatal, lo que le da una clara ventaja sobre nuestros productos. Por ello, encontramos una clara injusticia en las condiciones del comercio.
Por otro lado, Estados Unidos propone una estrepitosa baja en los precios de aranceles en el traslado de productos. Algunos podrían decir: Pero, ¿El objetivo del TLC no es que los productos se movilicen fácil y rápido? Definitivamente sí. Pero es un objetivo tangencial: el objetivo principal es encontrar una variedad de productos para todos con precios al alcance de todos. Sin embargo, la disminución, casi desaparición, de los aranceles ocasiona una aberrante disminución en la recaudación tributaria (Reinoso 2004: 23), es decir, impuestos. Esto genera dos contrariedades: por un lado, en un mes, se perderían 100m millones de dólares en la recaudación fiscal; por otro, 67000 puestos de trabajo se verían afectados. Entonces (por lo afirmado anteriormente) podemos afirmar que Estados Unidos impone sus condiciones de manera abrupta en pro de sus intereses sin importarle lo que podría ocurrirle a nuestra paupérrima economía.
En segundo lugar, el TLC no sólo significará una adhesión comercial. Es decir, Estados Unidos tiene intereses que subyacen debajo de lo económico. Por ello, es necesaria una adecuada negociación, donde predominen solo los acuerdos comerciales (Diez Canseco 2004). ¿Pero cómo sucede esto? Bruno Rivas, importante analista económico, ha investigado la real envergadura del tratado, encontrando que el aumento de los ingresos fiscales, y, por lo tanto, de la economía, es nimio para los dos países. De esto se deduce que los intereses de Estados Unidos exceden a lo económico. Otros intereses, según Bruno Seminario, pueden ser: lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el fortalecimiento de la democracia. Estos intereses denotan la ambición por expandir el imperialismo hegemónico Estadounidense. Por ello, el TLC significará una mayor influencia política de los Estados Unidos sobre Perú.
La droga es un parásito que carcome día a día a la juventud norteamericana. Sin embargo la comercialización de esta es una tara que excede a los Estados Unidos. Según estudios sobre el narcotráfico mundial, Perú es uno de los principales productores de clorhidrato de cocaína en el mundo. ¿Coincidencia? No. Un ejemplo relacionado con esto es el de Colombia. El tratado Estados Unidos-Colombia no cumplió con las expectativas puestas en él, y, según el análisis de Bruno Seminario, Estados Unidos tuvo una injerencia directa en el tema del narcotráfico, lo que generó una dependencia colombiana respecto de aquel. ¿Qué pasará cuando Perú no pueda responder a las expectativas Estadounidenses? La dependencia es inminente. A pesar de que Alan García haya afirmado, en su mensaje a la nación en julio de 2007, que Estados Unidos no tiene la posibilidad de injerencia de temas política Peruana, ¿Por qué Estados Unidos habría de negociar un TLC con un país, cuya economía es irrisoria respecto de la suya? Estados Unidos, por las buenas o malas, tiene la imperiosa necesidad de expandir su desaforado neoliberalismo. Si se sigue manejando en estas condiciones de sumisión y lenidad la negociación del TLC, el Perú será devorado por el “tiburón” imperialista.
Finalmente, el TLC restringe la posibilidad de acceder a los beneficios de este a una ínfima mayoría: la clase alta; los afectados son los de siempre: los de abajo, los campesinos, lo microcomerciantes. Los beneficios no estarán al alcance de los más necesitados (Seminario 2003: 14), que representan casi la mitad de la población. Esto se demuestra con experiencias pasadas de TLC’s realizados. “Solo el sector económico moderno se beneficia con el TLC” (Bruno seminario 2005: 21). Los perdedores son los de siempre: las clases bajas, los pobres rurales; es decir, el 85% de la PEA rural. Si es banal la cantidad de dinero que se le paga a un campesino por kilo consumido, ¿cuánto será el nuevo precio por kilo, sabiendo el fuerte apoyo estatal que reciben los productos estadounidenses? Obviamente, mucho menos de lo que se les paga actualmente.
Los sindicatos y gremios de agricultores afirman que el TLC quebrará la industria local, debido al libre ingreso de productos estadounidenses, básicamente del agro, fuertemente subsidiados por el gobierno de Washintong. Pero algunos podrían decir: ¿ Eso no genera mayor competencia comercial y, por lo tanto, mejoría en la calidad de los productos a escoger? Una inocente respuesta sería “Sí”. Sin embargo, esta competencia no se da en un contexto de igualdad de condiciones. Es decir, los productos Peruanos no tienen la posibilidad de competir con los estadounidenses. Entonces, si se sigue manejando el tratado con semejante holgura, tendremos beneficios inalcanzables, con productores afectados, precios exorbitantes. Eso no es libre comercio.
En síntesis, se ha podido observar que, si bien el TLC genera beneficios, estos no son lo suficiente, respecto de los costos: no vale la pena poner al país en jaque. Por un lado, vemos que Estados Unidos se rehúsa a negociar cualquier cláusula que afecte en lo más mínimo el estado actual de su economía. Por otro, los intereses americanos exceden los económico, lo que podría generar (sino ocasionar) la dependencia político-económica de la expansión del imperialismo yanqui. Finalmente, encontramos la inminente desaparición de la clase media, lo que genera una brecha inaudita entre clases. Como vemos, las consecuencias serán nefastas: El Perú será devorado por el “tiburón americano” no solo económicamente, sino también socialmente. El marco económico esta íntegramente relacionado con el social. Por ello, debemos tomar conciencia: Si bien la economía de libre mercado es el mecanismo principal para el desarrollo del país, ¿Es necesario poner en riesgo la soberanía del manejo del país? ¿Vale la pena? ¿Dónde quedó el amor propio y la identidad, sin caer en un retrogrado nacionalismo? El país esta siendo vilmente vendido por una sarta de ineptos. Nuestra misión es detenerlos, y no hay otra forma que estar informados. ¡Viva el Perú, Señores!
Imagen: Giuseppe Orellana

2 comentarios:
n too lo ke as skrito...tiens d+iada razón!*...pro kreo ke es ksi un hexo ke si c firma el TLC! kn sta2 uni2 =(...
n crio! ... mui wena la imagn!(Y)!
skribs bravazo jonathan!*
#=)
no entendiste lo que te dije? ayyy chapuuuu ... solo ahora las medicinas seran mas caras y el trigo tambien jajajaja!
PEro bueeeno ya lo debatiremos con unos baretos.adios
Y ODIO LOS BLOGS! NO SE PORQ HAGO ESTE COMENTARIO.
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